
miércoles 18 de noviembre de 2009
Dorothy, la chimpancé

martes 22 de septiembre de 2009
IDEALES PERDIDOS
Cuestionan a la autoridad y ante la soberbia de su incredulidad, se aferran a ideales de lucha, de hacer y crear un mundo mejor para todos. Sin embargo, muchos de esos jóvenes se verán sorprendidos y abofeteados por la vida, ya sea ante la necesidad o porque de pronto, deben convertirse en el sostén de la familia.
Tienen, entonces, que salir a trabajar para ganarse un pan o una moneda y se ven obligados a ser parte de ese sistema al cual aborrecen y se dicen que será temporal, que cuando mejore la situación, regresarán a la lucha. Se aferran, todavía, con las yemas de dedos a esos sueños y no se dan cuenta que éstos, se han convertido en un puñado de ideales perdidos.
Entonces, se experimenta el terror en carne viva. Intentan desesperadamente salir de ese pozo, donde se han hundido en el lodo sus esperanzas por cambiar al país. Y de pronto, abren los ojos y se dan cuenta que no pueden escapar. Están condenados a ser parte vital del sistema.
Se supone que un pueblo elige a sus gobernantes y no se percata de que sólo es una herramienta más para que éstos alcancen el poder y se olviden de sus promesas. En vez de generar oportunidad y empleo, se crea el desprecio ante la falta de puertas abiertas y de un posible desarrollo que sea digno.
Llegamos al ocaso de la esperanza y nos damos cuenta de que la democracia es una mierda. Los ideales se han perdido por completo e incluso, perdemos la fe en la madre patria.
Aún así, hoy están naciendo muchos futuros revolucionarios que ni se imaginan que formarán parte de esa legión de sueños derrochados, vidas gastadas y esperanzas que se diluyen en la monstruosa eternidad del sistema y de los cerdos que lo mueven.
lunes 14 de septiembre de 2009
NUESTRO LEGADO
Cada momento histórico es relevante para quien lo vive. Siempre ha existido el progreso, la guerra. Quizá por el hecho de que somos muchos más habitantes en la Tierra y la velocidad con la que recibimos la información, sentimos que el mundo nunca había estado tan mal como lo está ahora. En opinión de este humilde servidor, lo que se requiere es compromiso con nuestro contexto.
En los últimos meses he recibido correos sobre la ruptura social representada por nuestra generación; es decir, todos aquellos que nacimos entre 1970 y 1985… minutos más, minutos menos. Dichos correos me han hecho recordar con gusto, a veces con nostalgia; pero sobre todo, me han invitado a la reflexión sobre el papel que nos corresponde en la actualidad.
Fuimos los primeros en jugar a los videojuegos: el atari, el nintendo, el gameboy; juegos tan nuestros, nada más nuestros, como el Pacman, el Digger, Mario BROS o Donkey Kong; conocimos la televisión a colores, los celulares (cuando tenían un tamaño similar al libro del Quijote), el Walk Man y las películas en formato BETA y VHS.
Crecimos con Mazinger Z, Voltron, los Thundercats, los Halcones Galácticos, G I Joe, los Transformers, He-man, las Tortugas Ninja, Sandy Bell, Carrusel, Chiquilladas...
Nos tocó jugar todavía a las escondidillas, a los encantados, a “tú las traes”; podíamos salir a jugar futbol y de lo único que nos teníamos que cuidar era de los autos o del “Roba Chicos”.
Recuerdo que la primera computadora que tuvimos en casa fue una Olivetti M24, que tenía un monitor a color (¿cuántos eran? ¿Cuatro colores?), y era como estar al día con lo último en avances tecnológicos. No usábamos USB, sino unos discos delgados de color negro, conocidos como discos de 5 ¼. Usábamos el correo postal y el telegrama, no el e-mail.
Escuchábamos música en discos de acetato o cassettes y fuimos los primeros en conocer el Compact Disc.
Nuestra generación fue la ruptura entre la imaginación y la condena tecnológica. Todavía recuerdo que en las tardes lluviosas, nos juntábamos a iluminar cuadernos, a jugar a la guerra con los soldados o a jugar carreras con carritos de plástico. Salíamos a jugar con la bicicleta, el patín del diablo y construíamos nuestros “clubs” en casas abandonadas. Escribíamos en libretas viejas y leíamos libros (por la cosa del E-Book y el ahorro de papel).
A diferencia de nuestros padres, comenzamos la fiesta a muy temprana edad. Algunos de nosotros empezamos a beber y a fumar a los 12 o 13 años y desde ese tiempo, cuestionábamos la autoridad, la religión y a la sociedad misma. No recuerdo que hubiese tantas tribus sociales como ahora. Antes, o eras “fresa” o eras “rocker”.
Perdimos al Tío Gamboín, al gato GC (y yo fui sobrino y hasta con fanfarrias y “miau”, para los que se acuerden). Sacábamos fotos con rollito y sentíamos mucha emoción cuando íbamos a revelarlos.
En lo que se refiere a Historia, éramos niños cuando el Muro de Berlín desapareció. Vimos la guerra del Golfo Pérsico, el Mundial de México en 1986, la caída del régimen de Saddam Hussein y la muerte del Papa Juan Pablo II; pasamos de la Guerra Fría y la amenaza nuclear, al terrorismo, el narcotráfico, la guerra bacteriológica y el calentamiento global.
Veíamos con terror las noticias del fin del mundo en el año 2000 y le preguntábamos a nuestros padres, cuándo estallaría la primera bomba nuclear y la Tercera Guerra Mundial.
Veíamos casi inalcanzable “ser como nuestros padres” y de manera inevitable, nos encontramos ya con el mundo encima de nosotros. Los padres se jubilan, algunos de nuestros amigos de generación ya tienen hijos y somos ahora los responsables de ocuparnos en dejarles un mundo, ya ni mejor o peor, simplemente dejarles un mundo a nuestros hijos.
Vemos ahora el avance de la tecnología: los nuevos celulares, el aislamiento de la relación interpersonal por la magia del Chat (entre más amigos tengamos en Facebook, Hi5 y MySpace, somos más populares y cuidado donde no tengamos un rincón en estas webs).
El formato DVD ya es casi obsoleto y los juegos de video nos sorprenden al tener tanto parecido con la realidad. Ahora ya podemos tener los juguetes de Mazinger Z y las ediciones nuevas de aquellos personajes que nos cautivaron en nuestra niñez (y las generaciones nuevas osan decir que estas caricaturas son de ellos. Bueno, sin resentimientos, pues; pero merecemos tantito crédito por eso).
Habría tantas cosas por mencionar y comparar. ¿Somos mejores que las generaciones nuevas o peores que la de nuestros padres? Somos una generación y por el simple hecho de serlo, somos únicos e irrepetibles. Eso sí, fuimos una ruptura entre la imaginación y la tecnología, entre las canicas y el videojuego, entre los amigos de la cuadra y los de Facebook.
¿Qué prefiere su servidor? Un poco de todo, avanzar con la vida y evolucionar. Asumir la responsabilidad que nos corresponde y no olvidar que fuimos afortunados de tener lo que tuvimos. Ese es nuestro legado y nadie nos lo puede quitar.
miércoles 1 de julio de 2009
UNA HISTORIA PARA COMPARTIR
Fui hijo único. Cuando tenía unos ocho o nueve años, acompañaba a mis padres, todos los jueves, al boliche. Me gustaba mirar el juego, pero también, entretenerme en mis cosas. Disfrutaba dibujando personajes coloridos, amigables algunos, guerreros los otros y, cuando jugaba a la guerra con mi espada invisible, aquellos personaje cobraban vida y juntos, cabalgábamos en el campo de batalla.
Sin embargo, nunca fui un buen dibujante. Por más que me esforzaba, la imagen que veía en mi cabeza, no se asemejaba (ni un mínimo) al resultado en el papel. Entonces opté por una solución: decidí que en un cuaderno de hojas blancas, escribiría una historia con esos personajes y dejaría espacios para que alguien más la ilustrara. Luego, lo dejé.
Debo decir que también hubo una serie de películas chinas que me influenciaron, las historias de los guerreros shaolín.
Fue hasta la preparatoria cuando tuve un sueño donde se me aparecía uno de aquellos personajes; sólo que era diferente. No era el “monito” amigable de mi infancia. Era un poderoso guerrero. Corría el año 1997 y entonces, ya con algunos intentos de poemas y cuentos de terror, me decidí a escribir una novela con aquellos personajes. Sin conocer siquiera las novelas épicas de fantasía, comencé una aventura a la cual le dediqué cuerpo y alma durante doce años. Me di cuenta que la historia tenía que ser de aliento largo y, al verme sin herramientas para llevarla a cabo, la dejé inconclusa muchas veces, escribiéndola una y otra vez sin obtener los resultado que esperaba.
En ese entonces, era delgado. Mi padre vivía y yo soñaba con ser rockero. Comenzaban las parrandas fuertes y dije adiós a alguno que otro amor pasajero. Mientras, luchaba con esa historia.
Escribí otras cosas: poemas que conformarían mi primer libro, La noche del Caos, algunos cuentos que, en su mayoría, terminarían en el bote de la basura, la historia de un viajero en la carretera, que se convertiría en la novela Viajeros en el umbral y otras cosas que andan por ahí.
Decidí hacer la prueba para entrar a la Escuela de Escritores de la SOGEM, con el único objetivo de poder escribir esa historia. Para no hacerles el cuento largo, hace unos días, terminé por fin, el primer borrador de la trilogía que conforma la historia.
Ha sido un viaje largo y agotador. De pronto, siento que me he vaciado. Siempre temí que no me alcanzaría el tiempo y hoy, siendo joven todavía, me siento feliz de haber terminado.
Por supuesto falta la enorme tarea de corregir, pero de entrada, no es fácil decirle adiós a esos personajes, a los cuales, terminé queriendo como verdaderos amigos de aventuras.
Me da cierta nostalgia pensar en dos personas en particular: mi padre y amigo, que vio mis primeros apuntes de la historia y, años después, mi maestro Jaime Casillas, a quien le platiqué de mi proyecto en una de mis tareas. Su respuesta fue:
Luis Fernando: ¡Adelante con la novela! Es maravilloso tener la imaginación para crear otros mundos y otros personajes. Qué gusto poder ayudarte en tan ardua y maravillosa tarea. ¡Adelante!
Ninguno de los dos, ni mi padre, ni Jaime, vio el resultado. El primero murió hace cuatro años; el segundo, hace uno. Ahora soy un joven de veintiocho años, ligeramente pasado de peso y ya no bebo ni sueño con ser rockero.
Debo confesar que la historia no termina aquí. Hay otro proyecto, con algunas notas en papel, para continuarla y cerrar el círculo de algunos otros personajes que fui conociendo en el camino, pero deseaba compartir mi experiencia. Es satisfactorio saber que pude aventurarme a escribir la historia y, sea buena o mala, es una historia que salió del corazón.
Que algún día se publique o no, es otra historia. Pero precisamente de historias está hecha la vida y quizá por eso, la veo con más color.
Luis Fernando
Junio, 2009
martes 5 de mayo de 2009
VIDEO PROMOCIONAL: VIAJEROS EN EL UMBRAL
Si tienes problemas para ver el video, visita mi canal de YouTube: www.youtube.com/LuisFernandoEscalona
jueves 5 de marzo de 2009
AGRADECIMIENTO PÚBLICO
En mi entrada PAGO POR VER, escribí sobre dos películas que no había conseguido. Pero gracias a unas personas, ya las tengo conmigo. Por ello:
Gracias a mi amigo Fernando Flores por The groundhog day.
Y también, quiero agradecer a una persona que firma como "gachi", por los enlaces que me envió. Finalmente, tengo la película Quackbusters.
A los dos, muchas gracias. Y gracias, también, a todos los que pasan a visitarme y a dejarme sus comentarios. Les mando a todos, un abrazo a la distancia (como dice mi querido amigo Jorge Bretón).
Seguimos en red.
Luis Fernando.
lunes 2 de marzo de 2009
IRON MAIDEN EN UNA PALABRA
Llegamos tarde al festival por cuestiones de trabajo; en realidad nos perdimos a Ágora, Lauren Harris y Morbid Angel, pero me informé que los mexicanos tuvieron muy buena respuesta por parte de la gente. No fue así para la hermosa hija de Steve Harris… nuevamente y Morbid Angel, dicen que estuvo buenísimo. Lástima, debo reconocer que me hubiera gustado ver a los death metaleros.
Pues nada, llegamos mi novia y yo cuando estaba comenzando a tocar Atreyu, una copia barata de In Flames y de toda la camada fresa de metal sueco. ¿Por qué suenan todos a lo mismo: voces agudas y voces tipo Depeche Mode? Tan bonito que es el verdadero death metal sueco: Hypocrisy, Unleashed, Dismember, Amon Amarth, en fin.
Llegó el turno de Carcass y, como el año pasado en el Circo Volador, volvieron a devastar con unas rolas de verdadero Death Metal cochino sangriento y brutal. Jeff Walter, vocalista y bajista de la banda, no terminaba de agradecer la respuesta de la gente.
Así, llegamos a la última espera. Por ahí vimos cómo los señores de seguridad sometían a un borracho y pensé: “qué pendejo, precisamente cuando viene Maiden”. Siempre pasa, ¿verdad?
Mi novia y yo vimos el concierto con unos primos suyos cuando de pronto me encontré a mis amigos metaleros y estuvimos cotorreando previo al inicio del concierto. Así, en punto de las 8 de la noche se apagaron las luces.
En medio de la oscuridad comenzó a sonar el cover de Ufo, “Doctor, doctor” para dar entrada al video de la gira, con la canción “Transylvania”, del primer disco de Maiden. Y entonces, sí, la emoción comenzó con el ya conocido Speech de Churchill y las imágenes de los aviones ingleses en la Segunda Guerra Mundial.
Entre explosiones y gritos de la gente, Iron Maiden apareció en un escenario semejante al del año anterior y los primeros acordes de “Aces High” se escucharon. Toda la gente coreamos la canción hasta cansarnos y entonces siguieron con “Wrathchild”. A partir de aquí, notaríamos un pequeño cambio al setlist del año pasado.
Siguieron con “2 minutes to midnight” y al terminar, Bruce Dickinson, vocalista de la banda, nos saludó. “Welcome… again”, dijo sonriendo. Dijo que estaban muy contentos de regresar a México y que en esta ocasión veríamos un show más brutal que el del año pasado con algunas canciones que nunca, jamás, habían tocado en México. Y en efecto, en el setlist, continuó “Children of the damned” y “Phantom of the opera”, una de mis canciones favoritas de la banda y la cual, sinceramente, nunca pensé escuchar en vivo. Debo admitir que me emocioné, además de que era una canción que le gustaba mucho a mi padre, así que la canté a grito pelado y con toda la energía dedicada para él.
Las enormes mantas con los escenarios de Eddie fueron cambiando. Así, entró la imagen tan conocida de Eddie vestido de soldado con la bandera inglesa entre las manos y toda roída. Efectivamente: “The trooper” fue la siguiente interpretación, continuando con “Wasted Years”, una de las más coreadas del público, quizá.
Rápidamente, Bruce Dickinson presentó la siguiente canción, inspirada en el poema de Samuel Taylor Coleridge y del mismo nombre: “The rime of the ancient mariner”. Esta sí que es mi favorita, la que más me gusta (el poema y la canción). La escenografía dio paso a un enorme barco estilo fantasmal y a Bruce Dickinson vestido con harapos. A la mitad de la canción, las cámaras en las pantallas hacían el efecto de moverse como si fuesen un barco viejo y crujiente, y muchos fuegos artificiales y explosiones acompañaron al solo de guitarras.
Le siguieron “Powerslave”, “Run to the hills”, “Fear of the dark”, “Hallowed be thy name” y “Iron Maiden”, cinco canciones que de manera ininterrumpida nos mantuvieron moviéndonos y cantando a todo lo que dábamos. En la última canción, apareció una gigantesca imagen de Eddie vestido como faraón, la cual se abrió para dar paso a una enorme momia que cubrió casi toda la parte alta del escenario (por ahí les tengo una sorpresa, al respecto).
Los integrantes de la banda: Bruce Dickinson (voces), Steve Harris (bajo), Janick Gers, Adrian Smith y Dave Murray en las guitarras y Nicko McBrain (batería), se despidieron de la gente y todo quedó sumido en la oscuridad de la noche.
Comenzamos a escuchar la entrada de “The number of the beast” con un enorme diablo que apareció del lado derecho del escenario. Siguieron con “The evil that men do”, donde apareció nuestro querido monstruo Eddie vestido como ciborg del futuro (El de la portada del Somewhere in time”, tan sólo su presencia se hizo notar 30 segundos, pero con eso basta para que todos coreemos su nombre. Es un robot fabuloso de más de cuatro metros de alto, su ojo izquierdo le brilla y mueve la pistola como si nos estuviese disparando. ¡Y qué creen! También les tengo una sorpresa al respecto, je, je.
En fin, que con un montón de juegos artificiales, explosiones y luces de colores, despedimos a Eddie y escuchamos la que sería la última rola de la noche: “Sanctuary”, donde los tres guitarristas de la banda salieron con sombreros de charros muy vistosos y Bruce Dickinson gritando como tal.
En fin, que fueron dos horas de puro metal, donde tuvimos la oportunidad de ver a muchas generaciones unidas por la música de Maiden: niñitos de brazos, niños, adolescentes, jóvenes, señoras y señores, de todo un poco; y además, Bruce prometió que regresarían para el 2011, con la gira de lo que será su próximo disco en estudio.
Y si me preguntas, cómo resumiría el concierto en una palabra, te respondería sin pensarlo: orgásmico.
